Control de la contaminación en las líneas de agua de la unidad dental: una guía práctica

La bioseguridad en una clínica odontológica es un sistema complejo, compuesto por múltiples protocolos que garantizan la protección tanto de los pacientes como del equipo profesional.
Mientras que la esterilización del instrumental y la desinfección de superficies reciben una atención constante y rigurosa, existe un componente del equipo dental que a menudo opera fuera del campo de visión directo: las líneas internas de agua de la unidad dental.
Estos conductos, aparentemente simples, son el entorno ideal para el desarrollo de un problema persistente y silencioso que puede comprometer la seguridad del entorno clínico.
Hablamos de la formación de biopelículas microbianas, un desafío que requiere un conocimiento profundo y una estrategia de mantenimiento proactiva.
El agua que circula por las mangueras de la turbina, la jeringa de aire y agua o el ultrasonido no es estéril por naturaleza. Proviene de la red de suministro general o de depósitos internos, y aunque sea potable, contiene microorganismos.
Las características propias de las unidades dentales conductos de diámetro muy reducido, bajo flujo de agua, periodos de estancamiento y materiales plásticos crean las condiciones perfectas para que estas bacterias se adhieran a las paredes internas y proliferen.
Al hacerlo, secretan una matriz polimérica extracelular que las protege, dando lugar a una comunidad microbiana organizada y resistente conocida como biofilm.
Este ecosistema puede liberar microorganismos al flujo de agua, generando un aerosol que es inhalado tanto por el paciente como por el personal clínico, y que entra en contacto directo con el campo operatorio.
Comprender la dinámica de esta contaminación es el primer paso para establecer un control efectivo. No se trata de una cuestión de limpieza superficial, sino de una gestión integral de la calidad del agua que se utiliza en cada procedimiento.
Abordar este asunto no solo responde a una exigencia de buenas prácticas clínicas y a la normativa vigente, sino que representa un pilar de la confianza que los pacientes depositan en su profesional.
En este artículo, analizaremos en detalle la naturaleza de este problema, las normativas aplicables y, lo más importante, los protocolos y soluciones prácticas para mantener las líneas de agua de su equipo dental en un estado óptimo de seguridad y funcionamiento.
Contenidos del arículo
- La naturaleza del problema: qué ocurre dentro de las mangueras
- Marco normativo y estándares de calidad del agua en odontología
- Estrategias y soluciones para el control de la biopelícula
- Implementación de un programa de gestión de la calidad del agua en su clínica
- Paso 1: Evaluación inicial y diseño del plan
- Paso 2: Formación del personal y asignación de responsabilidades
- Paso 3: Monitorización y mantenimiento de registros
- Preguntas frecuentes (FAQ)
- ¿Con qué frecuencia debo analizar el agua de mi unidad dental?
- ¿Puedo usar lejía común para desinfectar las líneas de agua?
- ¿Son seguros para los pacientes los productos de tratamiento continuo del agua?
- Mi unidad dental está conectada directamente a la red de agua. ¿Cómo puedo tratarla?
- ¿Purgar las mangueras al principio del día es suficiente para controlar el biofilm?
La naturaleza del problema: qué ocurre dentro de las mangueras
Para abordar eficazmente la contaminación de los conductos de agua, primero es necesario entender el proceso biológico que tiene lugar en su interior. La formación de biopelículas no es un evento accidental, sino un proceso de colonización estructurado y altamente eficiente que se desarrolla en varias fases.

Ignorar su existencia es permitir que un reservorio de microorganismos se establezca permanentemente en el corazón del equipo dental, con implicaciones directas para la salud y la seguridad.
El ciclo de vida de una biopelícula en el entorno dental
El desarrollo de una biopelícula en los estrechos tubos de una unidad dental sigue un patrón predecible. Todo comienza con la llegada de microorganismos planctónicos (libres en el agua) que viajan con el suministro de agua. El proceso puede dividirse en las siguientes etapas:
- Adhesión inicial: Las primeras bacterias se adhieren a la superficie interna de las mangueras. Esta adhesión inicial es reversible y está influenciada por factores como la rugosidad del material del tubo y las propiedades fisicoquímicas de la superficie. Materiales como el poliuretano o el PVC, comunes en estas mangueras, ofrecen una superficie ideal para este primer anclaje.
- Colonización y adhesión irreversible: Una vez adheridas, las bacterias comienzan a multiplicarse y a secretar sustancias poliméricas extracelulares (EPS). Esta matriz, compuesta principalmente de polisacáridos, proteínas y ADN, actúa como un pegamento biológico, fijando la colonia a la superficie de manera irreversible. Es el inicio de la microcolonia.
- Maduración de la biopelícula: Las microcolonias crecen y se fusionan, formando una estructura tridimensional compleja. La matriz de EPS se desarrolla, creando canales internos que permiten el flujo de nutrientes y la eliminación de desechos, similar a un sistema circulatorio primitivo. En esta fase, la biopelícula se convierte en un ecosistema cooperativo donde diferentes especies bacterianas pueden coexistir y protegerse mutuamente.
- Dispersión: Cuando la biopelícula alcanza una etapa madura o cuando las condiciones ambientales cambian, libera células o agregados de células al flujo de agua. Estos microorganismos dispersados pueden colonizar otras áreas del sistema de conductos o, lo que es más preocupante, ser expulsados a través de los instrumentos dentales durante los procedimientos, contaminando el aerosol y el campo operatorio.
Este ciclo puede completarse en cuestión de días o semanas. Un equipo dental nuevo, si no se gestiona adecuadamente desde el principio, puede desarrollar una biopelícula madura en un periodo sorprendentemente corto.
Una vez establecida, la matriz de EPS confiere a las bacterias una resistencia extraordinaria a los desinfectantes, que puede ser hasta 1.000 veces mayor que la de sus contrapartes planctónicas.
Microorganismos implicados y riesgos asociados
El agua de la red pública, aunque potable, no es estéril. Contiene una baja concentración de bacterias heterótrofas, que son precisamente las que inician la formación de la biopelícula.
Los microorganismos que se encuentran comúnmente en las líneas de agua de las unidades dentales incluyen una amplia variedad de bacterias ambientales, hongos y protozoos. Entre los más relevantes se encuentran:
- Pseudomonas aeruginosa: Un patógeno oportunista conocido por su resistencia a los antibióticos y su capacidad para causar infecciones en pacientes inmunocomprometidos, especialmente infecciones respiratorias y de heridas.
- Micobacterias no tuberculosas (MNT): Como Mycobacterium avium y Mycobacterium abscessus, que pueden causar infecciones pulmonares graves, sobre todo en individuos con fibrosis quística o enfermedad pulmonar preexistente.
- Legionella pneumophila: Esta bacteria es motivo de especial preocupación. La legionella en la clínica dental encuentra en las biopelículas y en la presencia de amebas (que actúan como huéspedes) un entorno ideal para su proliferación. La inhalación de aerosoles contaminados con Legionella puede causar la enfermedad del legionario, una forma grave de neumonía, o la fiebre de Pontiac, una enfermedad más leve similar a la gripe.
- Hongos y levaduras: Especies como Candida albicans también pueden integrarse en la biopelícula, contribuyendo a la complejidad del ecosistema microbiano.
El principal riesgo para la salud deriva de la exposición a los aerosoles generados por instrumentos como la turbina, el contra-ángulo o el equipo de ultrasonidos.
Estos aerosoles pueden transportar los microorganismos liberados por la biopelícula directamente a las vías respiratorias del paciente y del personal clínico, o contaminar el campo quirúrgico durante procedimientos invasivos como cirugías, endodoncias o periodoncias.
Aunque el riesgo para un paciente sano es generalmente bajo, aumenta significativamente en pacientes inmunodeprimidos, ancianos o con enfermedades crónicas.
Factores que favorecen la contaminación
El diseño de las unidades dentales contribuye de manera significativa a este problema. Varios factores intrínsecos de los equipos crean un entorno propicio para el crecimiento microbiano:
- Diámetro reducido de las mangueras: Los tubos tienen un diámetro interno muy pequeño (1-2 mm), lo que resulta en una alta relación superficie-volumen. Esto maximiza el área disponible para la adhesión bacteriana en relación con la cantidad de agua que fluye.
- Bajo caudal y estancamiento: El flujo de agua a través de los conductos es a menudo laminar y lento. Además, el agua permanece estancada en las líneas durante largos periodos, como por las noches, los fines de semana o entre pacientes. El estancamiento es el principal catalizador para la adhesión y proliferación bacteriana.
- Temperatura del agua: El agua en las líneas tiende a calentarse a temperatura ambiente (20-25 °C), un rango ideal para el crecimiento de muchas de las bacterias implicadas, incluida la Legionella.
- Material de los conductos: Los plásticos utilizados, como el poliuretano, pueden liberar pequeñas cantidades de carbono orgánico que sirven como nutriente para las bacterias, fomentando su crecimiento inicial.
La combinación de estos factores hace que la contaminación de las líneas de agua no sea una posibilidad, sino una certeza si no se implementan medidas de control activas y continuas.
La simple purga de las líneas con agua al inicio del día, aunque es una práctica recomendada, es insuficiente por sí sola para eliminar una biopelícula ya establecida.
Marco normativo y estándares de calidad del agua en odontología
La gestión de la calidad del agua en el entorno clínico no es solo una cuestión de buenas prácticas, sino que también está sujeta a una serie de normativas y recomendaciones que establecen los estándares mínimos de seguridad.

En España, al igual que en el resto de la Unión Europea, existen directivas y guías técnicas que los profesionales de la odontología deben conocer y aplicar para garantizar la protección de los pacientes y cumplir con sus obligaciones legales. Ignorar esta normativa puede acarrear no solo riesgos para la salud, sino también responsabilidades legales para la clínica.
Legislación española y directivas europeas
La normativa que regula la calidad del agua en los equipos dentales es multifacética y se apoya en varias disposiciones legales.
La principal referencia a nivel nacional es el Real Decreto 487/2022, de 21 de junio, por el que se establecen los requisitos sanitarios para la prevención y el control de la legionelosis.
Aunque este decreto no se centra exclusivamente en las clínicas dentales, sí las incluye dentro de las instalaciones con riesgo de proliferación y dispersión de legionela, debido al uso de equipos que generan aerosoles.
Esto implica que las clínicas tienen la obligación legal de implementar un Plan de Prevención y Control de Legionella (PPCL) o un Plan Sanitario frente a Legionella (PSL).
Este Real Decreto establece la necesidad de llevar a cabo evaluaciones de riesgo, mantener registros detallados de las operaciones de mantenimiento y limpieza, y llevar a cabo análisis periódicos del agua para detectar la presencia de legionela.
La responsabilidad recae directamente sobre el titular de la clínica, quien debe asegurarse de que se cumplen todas las medidas preventivas.
A nivel europeo, la Directiva (UE) 2020/2184 relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano, aunque no regula directamente el agua dentro del equipo dental, establece los parámetros de calidad para el agua que entra en la clínica.
Sin embargo, una vez que el agua ingresa en el sistema de conductos de la unidad dental, su calidad puede degradarse rápidamente. Por ello, las guías de buenas prácticas y las normativas técnicas específicas del sector adquieren una gran relevancia.
Estándares de calidad microbiológica del agua
Más allá de la legislación general, existen estándares específicos sobre la calidad del agua en odontología que sirven como referencia para las clínicas. Estos estándares definen los niveles máximos aceptables de contaminación microbiana en el agua que se utiliza en los procedimientos dentales.
Aunque en España no existe una norma que fije un límite numérico obligatorio para el total de bacterias heterótrofas en el agua dental, se adoptan como referencia las recomendaciones de organizaciones internacionales de prestigio:
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos: Recomiendan que el agua utilizada para procedimientos dentales no rutinarios cumpla con los estándares de agua potable establecidos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Esto implica un recuento de bacterias heterótrofas inferior a 500 unidades formadoras de colonias por mililitro (UFC/mL). Este es el estándar más ampliamente aceptado a nivel mundial.
- American Dental Association (ADA): Se alinea con la recomendación de los CDC de <500 UFC/mL y promueve activamente el uso de sistemas de tratamiento de agua y protocolos de desinfección para alcanzar este objetivo.
- Norma Europea EN 1717: Se centra en la protección contra la contaminación del agua potable en las instalaciones y los requisitos generales de los dispositivos para evitar la contaminación por reflujo. Esto es relevante para los equipos dentales, que deben estar equipados con sistemas anti-reflujo (válvulas de retención) para evitar que los fluidos de la boca del paciente sean aspirados hacia las líneas de agua.
Es importante destacar que para procedimientos quirúrgicos (aquellos que implican la incisión o escisión de tejido), el estándar es mucho más estricto. En estos casos, se debe utilizar exclusivamente agua estéril o suero salino estéril procedente de una fuente externa, nunca el agua del circuito de la unidad dental, por muy tratada que esté.
El cumplimiento de estos estándares no es solo una formalidad; es una medida directa para prevenir infecciones nosocomiales y proteger la salud de los pacientes más vulnerables.
Estrategias y soluciones para el control de la biopelícula
Una vez comprendida la naturaleza del problema y el marco normativo, el siguiente paso es implementar un programa de gestión del agua eficaz. No existe una única solución mágica; el éxito reside en la combinación de un buen diseño del equipo, un mantenimiento regular y el uso de productos desinfectantes adecuados.
El objetivo es doble: por un lado, prevenir la formación de nuevas biopelículas y, por otro, eliminar o controlar las ya existentes. Un enfoque proactivo es siempre más sencillo y económico que intentar solucionar un problema de contaminación grave una vez que se ha establecido.
Tratamiento continuo vs. tratamiento de choque
Las estrategias para el tratamiento del agua dental se pueden clasificar en dos categorías principales: los tratamientos continuos, que actúan de forma preventiva, y los tratamientos de choque, que se aplican de forma periódica para una desinfección intensiva.

El tratamiento continuo implica la dosificación de un agente desinfectante en baja concentración en el agua que alimenta la unidad dental, ya sea desde la red o desde un depósito autónomo.
Este método tiene como objetivo inhibir el crecimiento microbiano y prevenir la formación de la biopelícula desde el principio.
Los productos utilizados deben ser de baja concentración para ser seguros para el paciente y no dañar los componentes del equipo. Su gran ventaja es que mantienen una calidad de agua constante durante toda la jornada laboral.
El tratamiento de choque, por otro lado, consiste en el uso de un desinfectante de mangueras dentales de alta concentración que se hace circular por las líneas de agua durante un tiempo determinado (generalmente durante la noche o el fin de semana), seguido de un enjuague exhaustivo.
Este procedimiento está diseñado para eliminar la biopelícula ya acumulada. Es una medida correctiva necesaria, pero su eficacia depende de la regularidad con la que se aplique.
La frecuencia recomendada varía según el producto y el nivel de contaminación, pero generalmente se realiza semanal o mensualmente.
La estrategia más robusta combina ambos enfoques: un tratamiento continuo para el mantenimiento diario y un tratamiento de choque periódico para asegurar una desinfección profunda y eliminar cualquier acumulación resistente que haya podido formarse a pesar del tratamiento continuo.
Sistemas y productos disponibles en el mercado
Existe una amplia gama de tecnologías y productos diseñados para purificar líneas de agua clínica.
La elección del sistema más adecuado dependerá de las características de la clínica, el tipo de unidad dental y el presupuesto disponible.
A continuación, se presenta una tabla comparativa de las opciones más comunes:
| Tipo de solución | Mecanismo de acción | Ventajas | Consideraciones |
|---|---|---|---|
| Pastillas desinfectantes | Liberan un agente químico (ej. peróxido de hidrógeno, cloro) al disolverse en el depósito de agua de la unidad. | Fáciles de usar, económicas, dosificación sencilla. Ideales para sistemas con depósito autónomo. | Requieren una acción manual para cada recarga. La concentración puede variar si no se disuelven completamente. |
| Líquidos desinfectantes (continuos) | Soluciones a base de peróxido de hidrógeno, a menudo con iones de plata, que se añaden al agua del depósito. | Acción continua y preventiva. Eficaces a baja concentración. Algunos no requieren enjuague. | Es necesario medir la dosis correcta. El coste puede ser superior al de las pastillas a largo plazo. |
| Líquidos desinfectantes (de choque) | Soluciones de alta concentración (ej. hipoclorito, peróxido de hidrógeno, glutaraldehído) para desinfección periódica. | Muy eficaces para eliminar biopelículas establecidas. Acción rápida y potente. | Requieren un enjuague minucioso tras su uso. Pueden ser corrosivos para algunos componentes si se usan incorrectamente. |
| Sistemas de filtración | Filtros de microfiltración (0.2 µm) instalados en la línea de agua para retener físicamente las bacterias. | Eliminan las bacterias sin usar productos químicos. Eficacia inmediata. | No eliminan la biopelícula existente en las líneas. Los filtros se saturan y deben ser reemplazados periódicamente. |
| Sistemas de tratamiento integrados | Equipos instalados en la unidad dental que tratan el agua automáticamente (ej. electrólisis, ozonización). | Proceso automatizado, no requiere acción diaria del personal. Alta eficacia. | Inversión inicial elevada. Requieren mantenimiento técnico especializado. |
La elección de un producto u otro debe basarse en la evidencia científica de su eficacia contra la biopelícula y su compatibilidad con los materiales de la unidad dental.
Es recomendable consultar siempre las instrucciones del fabricante del equipo dental para asegurarse de que los productos químicos seleccionados no dañarán las mangueras, juntas o componentes metálicos.
En Dental Shop, nuestro equipo puede asesorarle sobre las soluciones más adecuadas para sus equipos específicos, garantizando tanto la eficacia como la seguridad a largo plazo.
Protocolos de mantenimiento diario, semanal y mensual
La tecnología por sí sola no es suficiente. Su eficacia depende de la implementación de un protocolo de mantenimiento riguroso y constante por parte del personal de la clínica. Un programa bien estructurado debe incluir rutinas diarias, semanales y periódicas.
Protocolo diario:
Al inicio del día: Purgar cada línea de agua (turbina, jeringa, ultrasonidos) durante al menos 2 minutos. Esto elimina el agua que ha permanecido estancada durante la noche, que es la de mayor carga microbiana. Si se utiliza un sistema de tratamiento continuo, asegurarse de que el depósito está lleno y el producto activo.
- Entre pacientes: Purgar las líneas utilizadas durante 20-30 segundos. Esto ayuda a eliminar los microorganismos que puedan haber entrado por reflujo y a reintroducir agua tratada en la parte final del conducto.
- Al final del día: Vaciar los depósitos de agua autónomos y dejarlos secar al aire durante la noche para evitar el estancamiento. Purgar las líneas con aire para eliminar toda el agua residual del interior de los conductos.
Protocolo semanal (o según las indicaciones del producto):
Realizar un tratamiento de choque con un desinfectante específico para la eliminación del biofilm en mangueras de unidad dental.
- Seguir escrupulosamente las instrucciones del fabricante del desinfectante en cuanto a concentración, tiempo de contacto y procedimiento de enjuague.
- Documentar la realización del tratamiento en el registro de mantenimiento de la clínica.
Protocolo periódico (trimestral o anual):
Realizar un análisis microbiológico del agua de salida de las mangueras. Esto permite verificar la eficacia del protocolo implementado y detectar cualquier problema de forma temprana.
- Enviar muestras a un laboratorio acreditado para el recuento de bacterias heterótrofas y, si la evaluación de riesgos lo indica, para la detección de Legionella.
- Revisar y, si es necesario, reemplazar los filtros de agua y aire según las recomendaciones del fabricante del equipo.
La clave del éxito es la constancia y la implicación de todo el equipo clínico. La formación del personal sobre la importancia de estos procedimientos y la correcta ejecución de los mismos es tan importante como la elección del producto desinfectante.
Implementación de un programa de gestión de la calidad del agua en su clínica
Desarrollar e implementar un programa de gestión del agua puede parecer una tarea compleja, pero se puede simplificar dividiéndola en pasos lógicos y asignando responsabilidades claras.
Un programa bien documentado no solo garantiza la seguridad, sino que también sirve como prueba del cumplimiento normativo ante una posible inspección sanitaria.
Este plan debe ser un documento vivo, revisado y actualizado periódicamente.
Paso 1: Evaluación inicial y diseño del plan
El primer paso es realizar una evaluación completa de la situación actual de la clínica. Esto implica:
Inventario de equipos: Listar todas las unidades dentales, especificando marca, modelo, año de fabricación y si disponen de depósito de agua autónomo o están conectadas a la red.
- Análisis del agua de partida: Es útil conocer la calidad del agua que entra en la clínica. Se puede solicitar un informe al proveedor municipal o realizar un análisis inicial.
- Evaluación de riesgos: Identificar los puntos críticos del sistema. ¿Hay unidades antiguas con mangueras difíciles de reemplazar? ¿Existen zonas de la clínica con baja utilización donde el agua se estanca? Esta evaluación es fundamental para el Plan de Prevención de Legionella.
- Definición de objetivos: Establecer el objetivo de calidad del agua a alcanzar, que debería ser, como mínimo, el estándar de <500 UFC/mL.
Con esta información, se puede diseñar un plan de acción. Este plan debe detallar los productos que se van a utilizar (tanto para tratamiento continuo como de choque), la frecuencia de los tratamientos, los procedimientos exactos para cada tarea y el personal responsable de llevarlos a cabo.
Paso 2: Formación del personal y asignación de responsabilidades
Un plan solo es efectivo si se ejecuta correctamente. Por ello, la formación de todo el personal de la clínica (odontólogos, higienistas y auxiliares) es un pilar del programa. La formación debe cubrir:
La importancia de la calidad del agua: Explicar los riesgos asociados a la contaminación por biopelículas, incluyendo la transmisión de patógenos como Legionella.
- El protocolo en detalle: Enseñar paso a paso los procedimientos diarios, semanales y periódicos. Es útil crear listas de verificación (checklists) que el personal pueda seguir y firmar.
- Manejo seguro de productos químicos: Instruir sobre la correcta dosificación, manipulación y almacenamiento de los desinfectantes, así como sobre el uso de equipos de protección personal si fuera necesario.
Es importante asignar la responsabilidad de supervisar el programa a una persona concreta del equipo. Esta persona será la encargada de asegurar que los procedimientos se realizan, los registros se mantienen al día y los suministros de productos necesarios están siempre disponibles.
Paso 3: Monitorización y mantenimiento de registros
La monitorización es el proceso que permite verificar que el plan está funcionando. La herramienta principal para ello es el análisis periódico del agua.
Se recomienda tomar muestras de las unidades dentales de forma rotativa, por ejemplo, de una unidad diferente cada trimestre, para tener una visión global del estado de la clínica a lo largo del año. Los resultados de estos análisis deben compararse con el objetivo establecido (<500 UFC/mL).
Si un análisis muestra un recuento elevado, es una señal de que el protocolo no está siendo suficientemente eficaz o no se está aplicando correctamente.
En ese caso, se deben tomar medidas correctoras, como realizar un tratamiento de choque intensivo y revisar el protocolo.
El mantenimiento de registros es una obligación legal y una herramienta de gestión indispensable. Se debe llevar un cuaderno o un archivo digital donde se anote:
La fecha de cada tratamiento de choque realizado y el producto utilizado.
- Las fechas de cambio de filtros.
- Los resultados de todos los análisis de agua.
- Cualquier incidencia o medida correctora adoptada.
Estos registros demuestran la diligencia de la clínica en la gestión de la bioseguridad y son el primer documento que solicitará una inspección sanitaria.
La gestión del biofilm en las mangueras de la unidad dental es un componente no negociable de la bioseguridad moderna. Lejos de ser un problema menor, representa un riesgo real que puede ser controlado eficazmente con el conocimiento, las herramientas y los protocolos adecuados.
Proteger la salud de sus pacientes y de su equipo es una inversión en la reputación y la sostenibilidad de su práctica clínica.
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Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Con qué frecuencia debo analizar el agua de mi unidad dental?
La frecuencia recomendada para el análisis de bacterias heterótrofas es, como mínimo, anual. Sin embargo, una buena práctica es realizarlo de forma trimestral o semestral, especialmente si se está implementando un nuevo protocolo.
Para la detección de Legionella, la frecuencia vendrá determinada por la evaluación de riesgos realizada en el marco del PPCL o PSL, pero suele ser anual.
¿Puedo usar lejía común para desinfectar las líneas de agua?
No es recomendable. Aunque el hipoclorito de sodio (lejía) es un desinfectante potente, su uso no controlado puede ser muy corrosivo para los componentes metálicos y plásticos de la unidad dental, causando daños a largo plazo.
Es preferible utilizar productos formulados específicamente para este fin, que han sido probados para garantizar su compatibilidad con los equipos.
¿Son seguros para los pacientes los productos de tratamiento continuo del agua?
Sí. Los productos diseñados para el tratamiento continuo del agua están formulados para ser eficaces a concentraciones muy bajas, que son seguras para el contacto con los pacientes y no alteran las propiedades de los materiales dentales, como los adhesivos o los composites. Siempre se deben seguir las instrucciones del fabricante para su correcta dosificación.
Mi unidad dental está conectada directamente a la red de agua. ¿Cómo puedo tratarla?
Para las unidades conectadas a la red, existen varias opciones. Se pueden instalar sistemas de tratamiento centralizados que purifiquen toda el agua que entra en la clínica, o bien instalar sistemas de tratamiento individuales en la entrada de cada unidad dental. Otra alternativa es modificar la unidad para que funcione con un depósito de agua autónomo, lo que facilita enormemente el control y tratamiento del agua.
¿Purgar las mangueras al principio del día es suficiente para controlar el biofilm?
No. La purga matutina es una medida higiénica importante para eliminar el agua estancada, pero es completamente insuficiente para eliminar una biopelícula ya establecida.
La matriz protectora de la biopelícula resiste la simple acción mecánica del flujo de agua. La purga debe ser parte de un protocolo integral que incluya el uso regular de desinfectantes químicos.
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Autor del artículo:
Manuel Pernías










